Yoga, ¿dominación o integración?

Controla tu cuerpo, controla tu mente, controla tu respiración, domina tus bajos impulsos, sé el dueño de tu vida… y otros gazapos espirituales.

Ahora vivimos en la sociedad del control. Se nos enseña a controlar nuestros impulsos, tener el mando a distancia, hacer, conducir, programar, prever… Todas son expresiones de la esencia de un tiempo que termina, un tiempo basado en la dominación.

Desde hace 6000 años, la dominación empezó a establecerse como forma de relacionarse con las otras personas (guerras, jerarquías…), con la Naturaleza (poseer cosas, animales…) y, probablemente, con nuestro interior. Justo en ese periodo empezamos a transitar desde una identidad relacional y unas sociedades horizontales, colaborativas y en equilibrio social y ecológico a una identidad más individual y unas sociedades cada vez más verticales, autoritarias y expansivas. Es decir, que una gran pérdida de espiritualidad conllevó una transición de la integración a la dominación.

Por lo tanto, para que la espiritualidad nos ayude a pasar de una identidad individual o estado de separación a una identidad relacional o estado de unión, hemos de liberarnos de los elementos de dominación y sustituir esa relación de dominación por otra relación que nos ayude a integrar.

Además, la dominación necesita de una separación entre las dos partes de tal forma que podamos hacer sufrir a la parte dominada sin darnos cuenta de que su sufrimiento es nuestro sufrimiento. También es cierta la relación inversa: una relación de dominación favorece la separación. Porque si una parte domina a otra, sentiremos que han de ser cosas distintas.

En consecuencia, una forma de dominación favorece otras formas de dominación, pues todas favorecen ese estado de separación. Así, las jerarquías sociales, las guerras, la moral, la represión, el machismo, el racismo, la xenofobia, la transfobia, la lesbofobia, la homofobia, el especismo, la caza deportiva, el despilfarro y la explotación de la Naturaleza son todas ellas manifestaciones del mismo estado de separación/dominación. Al contrario, la armonía, la noviolencia, el amor incondicional, una familia global, abrazar la diversidad, la simplicidad, la colaboración y el ecocentrismo son manifestaciones de una unión, una integración. La espiritualidad favorece a las segundas y es favorecida por ellas.

¿La moral? ¿Qué tiene que ver? Bueno, la moral es una forma de represión interna. Consiste en juzgar las cosas como buenas o malas, obligarnos a hacer las buenas y prohibirnos hacer las malas. En ningún momento se nos invita a escucharnos, ver cuáles son nuestras motivaciones y qué necesitamos. En vez de tratarnos con amor, nos dominamos como si fuéramos una bestia salvaje peligrosa que necesita de una jaula y un látigo. Y hay morales muy sutiles. La moral emocional es la más tóxica. Y es que «no debemos llorar, tenemos que dominar nuestra ira y apagar nuestra rabia… porque hay que ser espirituales…» Pero todas las emociones tienen la función de cuidarnos y velar por nuestras necesidades. Además, si se enfocan bajo el prisma de la unión y la integración, encontraremos bellísimas maneras de satisfacer nuestras necesidades mediante el amor, estableciendo sinergias con la satisfacción de las necesidades de otros seres. Si confiamos en nuestra naturaleza amorosa, no necesitamos dominarnos…

Volviendo al pasado, los textos clásicos de la espiritualidad tienen menos de 6000 años, pues antes de ese periodo no eran necesarios. Los más antiguos, los vedas, son del 1500a.C. Por lo tanto, todos se han escrito en sociedades basadas en la dominación, lo cual puede haber contaminado el mundo interior que estos textos tratan.

Yéndonos muy atrás, intentando encontrar el texto supuestamente menos contaminado por esta dominación, podemos ir a los Rig Vedas. De unas 750 páginas, tenemos 36 veces la palabra control o derivados, 136 la palabra gobernar o derivados y 661 la palabra poder o derivados. Creo que ya en el 1500a.C. hemos llegado tarde…

Pongamos otro ejemplo que es toda una referencia indiscutible en el yoga. Patanjali fue quien sistematizó el yoga de los ocho pasos y estableció sinergias entre ética, posturas, respiración y meditación, entre otros pasos. Sus yoga sutras están llenas de referencias a la dominación:

1.12 Estos patrones de pensamiento son dominados a través de la práctica y el no-apego.

2.55 Debido a esa interiorización de los órganos de los sentidos y acciones también se accede a una suprema capacidad, manejo o dominio sobre esos sentidos […].

4.18 La consciencia pura siempre conoce las actividades de la mente, ya que es superior a, soporte de, y la que domina a esta última.

Y también hay varias referencias al control (otra forma de dominación), incluso en la propia definición del yoga:

1.2 Yoga es el control de las modificaciones del campo mental.

2.49 Tras conseguir la postura perfecta, se practica el control de la respiración y expansión del prana (pranayama), consistente en ralentizar o frenar la fuerza con que se respira y los movimientos incontrolados de la exhalación e inhalación.

En el Hatha-yoga Pradipika, un texto recopilatorio del siglo XV, dicen que «la respiración es el rey de las posturas» y «la mente el rey de los sentidos». Nuevamente, utilizar una imagen de jerarquía social implica esta misma relación de dominación. Pero aún hay más…

Raja-yoga, que se suele traducir como yoga mental y hace referencia a la parte de aquietamiento de la mente y meditación lleva el dominio implícito. Raja significa rey, jefe o líder. Hatha-yoga normalmente se utiliza para una parte más corporal del yoga. Hatha viene de la palabra «fuerza» o «esfuerzo», aunque hay otra interpretación más bella que luego veremos.

En yoga parece que tenemos que dominar/controlar/gobernar el cuerpo, la mente, la respiración. Incluso el concepto de dieta se utiliza muy a menudo como una forma de imponer una teoría dietética a nuestro cuerpo. En vez de escuchar qué le apetece al cuerpo, qué nos sienta bien y cuánto necesitamos comer, lo hacemos desde la teoría, desde la cabeza.

 

Pero ahora que somos conscientes de ello, podemos empezar a escuchar más al cuerpo, podemos dejar de hacer posturas para empezar a dejarnos llevar por las posturas y recibir la sabiduría que traen, podemos ver cómo se influyen la respiración, la mente y los sentidos para que nos ayuden en nuestro camino espiritual, podemos dejar de reprimir las «emociones negativas» para empezar a integrarlas y honrarlas, podemos dejar de esforzarnos para conectar con nuestra motivación interior, podemos dejar nuestra búsqueda espiritual y todas las agresiones sutiles que implican el decirnos que «no somos suficiente» para empezar a integrar lo que somos de manera amorosa.

Vivimos en un tiempo de gran dominación. Nuestra tecnología ha evolucionado muy rápidamente y el uso de la energía ha aumentado peligrosamente, pero nuestra organización social apenas ha cambiado: se sigue basando en la dominación, probablemente más fuerte que en el pasado. Sin embargo, también vivimos en un tiempo con gran perspectiva de la historia y la Ciencia Occidental, junto con otras cosmosiviones anteriores, nos dibuja el mundo como un ente global e interdependiente. Y siendo conscientes de ello, podemos dejar que el yoga se convierta en una práctica plenamente espiritual, que nos conduzca a esa identidad relacional, a esa integración.

Dicen que la mente tiende a la dualidad, que por eso hay que controlarla. Pero la mente es el reflejo de nuestra identidad. En una identidad individual, la mente tiende a fijarse en entes, objetos, individuos y opuestos. En una identidad relacional, la mente tiende a fijarse en las relaciones, en los sistemas relacionales y en la integración. Por lo tanto, si dejamos de dominar, la mente tenderá a integrar, y ya no la tendremos que dominar.

Es una transición que simbólicamente pasa de sentir el Hatha-yoga como el yoga del esfuerzo al Ha-tha yoga como el yoga de la integración del sol (ha) y la luna (tha), que representan todos los opuestos que son en realidad complementarios: la consciencia de enraizamiento del coxis (hacia abajo) y la elongación de la espalda (hacia arriba) se integran en una consciencia de estiramiento, la atención y la relajación se integran en cada postura, el estado sátvico integra shakti (determinación) y bhakti (devoción amorosa) y nos sumerge en la meditación profunda.

El yoga nos enseña que los opuestos son en realidad complementarios. Y en esa integración encontraremos una gran energía, una gran fuerza, pero buscar directamente esa energía nos conduce a la dominación y, por lo tanto, a la separación.

Busquemos el amor, la integración, y todo lo demás se nos dará por añadidura…

 

 

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