Y si nos preguntan: ¿puedo hacer esta postura con esta lesión?

Cuando estamos empezando a guiar sesiones puede ocurrir algo que nos paralice: puede venir alguien y explicarnos que tiene tal lesión o tal enfermedad y no sabe qué posturas puede hacer.

Hay muchas lesiones posibles y muchas enfermedades posibles que el cuerpo humano puede tener. Y en yoga hay muchas posturas posibles. ¿Cómo es posible saber qué posturas se recomiendan ante tal o cual enfermedad o lesión? Las combinaciones son pasmosas, al menos de decenas de millones, algo inalcanzable para nuestra memoria.

Pero no es nuestra memoria lo que nos hace falta…

Para empezar, es interesante que no cunda el pánico, que reconozcamos que no lo sabemos y que nuestra calidad como guía de yoga no se derrumba porque nos hagan una pregunta cuya respuesta desconozcamos. También es interesante que no nos cerremos en banda porque «no somos médicos», porque los médicos no son dioses y hay muchas cosas que podemos aportar como guías de yoga que a los médicos les costaría un poco más. Sólo si no lo tenemos claro le podemos decir que consulte con su médico o que lo vamos a ver con un médico que sepa algo de yoga. Pero antes, es mejor seguir estos pasos.

Acto seguido, conviene entender bien en qué consiste esa lesión o enfermedad, porque a veces algo sencillo se enconde tras una terminología médica que jamás hemos oído o que alguna vez hemos oído pero no sabemos qué es exactamente… Para ello, podemos hacer las preguntas que creamos oportunas para entender bien a fondo qué le pasa a la otra persona. Sin eso no podemos empatizar, y la empatía va a ser nuestra guía.

Una vez que entendemos bien qué le ocurre, ya podemos confiar en lo que sabemos y en lo que podemos deducir y aprender. Con la información que tenemos sabemos qué movimientos son beneficiosos para esa lesión y qué movimientos son perjudiciales; por lo tanto, se nos abre un abanico de posibilidades al repasar las posturas y ver qué tipo de posturas contienen ese movimiento beneficioso y qué tipo de posturas, si se hacen mal, pueden contener un movimiento que le perjudique, o que quizás sean sanas en un cuerpo normal pero no en ese cuerpo en concreto. Y, si somos conscientes de las líneas de las posturas, de las fuerzas y contrafuerzas, podemos ofrecer variaciones adaptadas a esa persona y ese cuerpo.

Es decir, que cada pregunta de ese tipo va a ser una oportunidad de aprendizaje a través de la empatía…

Aún así, no hay mejor criterio que el propio cuerpo de la persona que nos está preguntando. Por lo tanto, es importante hacer hincapié en la escucha al cuerpo, la suavidad, la toma de contacto consciente y evitar cualquier espíritu competitivo, de esfuerzo o de llegar a alguna postura avanzada o estirar un poco más.

Y si ese espíritu se infunde en toda la clase en general, no sólo esa persona se sentirá una más del grupo, sino que también evitaremos lesiones físicas y emocionales en el resto del grupo y podremos empezar a sumergirnos en el verdadero estado de yoga…