Los falsos enemigos del Ser/Fake enemies of the self

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Hoy siento rabia, mucha rabia, así que he decidido escribir esto con rabia, aceptando mi rabia y poniéndola al servicio de quien lea estas páginas.

En la espiritualidad hablamos de la no-dualidad, de un mundo coherente y unificado. Sin embargo, tendemos a crearnos enemigos: la mente, el ego, ciertas emociones que juzgamos como negativas y escondemos en nuestras sombras (de ahí viene nuestro lado oscuro), o ciertas personas que juzgamos como de baja vibración, o comportamientos negativos o malos… Y eso es más dualidad, más represión emocional, más violencia en forma de juicios, más sufrimiento en una lucha atroz e interminable contra un enemigo que está dentro: es tu mente la que dice eso, es el ego el que habla por ti… ¡No! ¡Basta! Dejemos de crear tanto sufrimiento…

Cada emoción es una respuesta de la inteligencia corporal, que es muy superior a la racional. Cada emoción nos informa de cómo están de satisfechas nuestras necesidades y, por ello, de cómo estamos. Escuchar es una forma de amor. Así que la espiritualidad nos lleva a escuchar y abrazar todas nuestras emociones. Si juzgamos nuestras emociones como algo negativo no nos estamos permitiendo sentir esas emociones, quizás por miedo a no alcanzar la iluminación o por miedo a tener una vibración baja. Esto es lo que conforma la mayor represión emocional de la «espiritualidad». Nuevamente es separarnos de nuestras emociones, crear separación, dualidad.

Y digo «espiritualidad» porque la represión emocional es una forma de escapar de nuestras emociones, de liberarnos de ellas. Es lo que se conoce como baipás espiritual, y es una huida del dolor del individuo, que quiere trascender dando un salto, fusionándose directamente con el universo, escapando del dolor acumulado. Y así tenemos perlas como «la iluminación consiste en trascender, incluso trascender el amor, liberarnos de él, no sentir absolutamente nada, estar más allá de las emociones».

Venga, tomemos ese dolor de quienes quieren escapar de sí, abracémoslo y desarrollemos una mirada compasiva hacia todos los seres, ¡incluyéndonos a nosotras mismas! Después de todo, no siempre tenemos fuerzas para enfrentarnos a nuestros miedos, dudas, sufrimiento, heridas… no siempre está el horno para bollos… Y ser consciente de esto y desarrollar una mirada compasiva nos puede hacer conscientes de por qué hacemos lo que hacemos y de qué queremos hacer.

Entonces, ¿por qué hay personas que utilizan más el conflicto, la oposición, la dualidad… y otras más el amor, la colaboración, el bien común?

Esto se debe a que algunas personas tienen una identidad más individual, es decir, son más autorreferenciales, más «tu beneficio es mi perjuicio y viceversa», más «yo, mí, mío», más propiedad privada, más competencia… y más desconexión con sus emociones, con las emociones de otras personas, con sus comunidades… Otras personas, sin embargo, tienen una identidad más relacional: aceptan sus emociones y sus pensamientos, se conectan con sus necesidades y las de otras personas, sus emociones y pensamientos, tienen más compasión, más conexión, trascienden más la ilusión de individualidad.

«¡Caíste otra vez! Ya has establecido otra dualidad: identidad individual vs. identidad relacional, mal vs. bien, ego vs. no-ego, mente vs. no-mente…» No, no son opuestas, sino que son un continuo. Puesto en porcentaje de conexión, la identidad individual total sería el 0% (habitar en el miedo absoluto, la paranoia, lo blanco o negro) y la experiencia mística sería el 100% (habitar en el amor absoluto, la armonía, lo unificado). Normalmente hay personas que están entre el 30 y 40%, hay momentos y momentos y días y días… y gracias a su práctica espiritual pueden pasar a estar entre el 55 y el 64%. ¡Pues qué guay! ¡Eso que ganan! Ya son un poco más compasivas y tienden más a la colaboración y el bien común… ¡Yuhu!

 

Así que la próxima vez que te oigas o escuches decir «la mente siempre intenta engañarte», «eso lo dice el ego», «las emociones negativas no son espirituales», recuerda que es una huída totalmente legítima que proviene de no querer lidiar con tanto dolor. Esa compasión que emerja de sentir tu propio dolor, o el dolor de otras personas, nos hará capaces de empezar a disolver esos falsos enemigos del ser y a darnos cuenta de que somos lo que andábamos buscando.

 

Si dejas de huir y dejas de buscar, al fin y al cabo es lo mismo, encontrarás…

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