¿Es importante la continuidad?

¡Desde luego!

En una sesión ya puedes notar una mejoría tanto física como emocional: menos estrés, mayor relajación, los conflictos internos pierden fuerza, las dolencias físicas se suavizan… vamos, un vuelco total a una semana un poco dura.

Pero hay otras partes que necesitan una cierta continuidad porque son procesos y/o estructuras que cambian más lentamente.

La flexibilidad en los músculos se puede ganar en pocos meses si se trabajan bien los músculos, si se mantienen relajados durante el estiramiento.

Los aspectos de nuestra personalidad también necesitan de cierta continuidad: patrones de conducta o patrones de respuesta emocional. Durante la práctica vamos fomentando ciertas actitudes y emociones, pero hace falta tiempo y práctica para que unos circuitos neuronales se debiliten y otros se fortalezcan.

Nuestro esqueleto es duro, pero no es fijo. Al igual que hay personas que desarrollan chepa por una mala higiene postural, el esqueleto también se puede reconfigurar con una buena práctica. Pero igualmente se necesita tiempo y mucha paciencia.

El aprendizaje es un fascinante proceso continuo. Si nuestra práctica es constante nuestro cuerpo aprenderá más rápidamente.

La constancia revela secretos que sólo el tiempo revelará…