El yoga de los ocho pasos/Ashtanga yoga

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También conocido como Ashtanga-yoga. Fue descrito por Patanjali en los yoga sutras (o aforismos sobre el yoga) en torno al siglo IV d.C (fecha real desconocida). Es una rama del yoga más metódica y estructurada. Contiene ocho herramientas con sinergias entre ellas; es decir, la práctica de unas favorece la práctica de otras. Así, si queremos profundizar en la práctica de las asanas o posturas, conocer y practicar los otros siete pasos, así como las otras tres formas de yoga, nos puede resultar de gran utilidad para entender y profundizar mucho más en nuestra práctica y para dejarnos transformar radicalmente por ella.

Proviene de la rama clásica del yoga llamada Raja yoga o yoga de la meditación. Pero Patanjali posteriormente le incorporó otros pasos más conocidos como las asanas o posturas.

Estos ocho pasos van de lo más externo a lo más interno, aunque poco a poco descubriremos que la barrera entre lo externo y lo interno es también ilusoria. Por mencionarlos, tenemos:

– las guías éticas (yamas y niyamas): son herramientas que nos permiten explorar la relación entre nuestro comportamiento y nuestro estado mental, evitando aquellos comportamientos que nos agitan la mente y favoreciendo otros que nos la aquietan. Tiene un sentido muy amplio precisamente porque no son leyes rígidas de obligado cumplimiento, leyes que nos infantilizan. Muy al contrario, son herramientas que nos empoderan en la toma de consciencia de nuestro comportamiento y nos ayudan a tomar decisiones. Además, están puestas en un orden concreto y con un propósito concreto. También es importante tener cuidado con las traducciones realizadas con una mentalidad occidental, porque pervierten totalmente el sentido de las guías éticas. Por último, la relación inversa también es cierta: aquellas personas con una mente serena tienden a comportarse de manera natural según estas guías éticas.

– asanas: el propósito de las asanas es trabajar todo el ser mediante el trabajo del cuerpo, la atención, la respiración, las emociones… para predisponer a quien las practica a disfrutar de meditaciones largas de una manera cómoda. En cuanto a la parte física, trabajamos principalmente la espina dorsal (alargándola, creando espacio interno entre las vértebras) y abriendo las caderas, tanto la inferior como la superior (hombros), y creando espacio interno en las articulaciones. Todo aquello que no respete estos principios desembocará en una práctica insana tanto física como emocionalmente.

– pranayamas: el prana es la energía vital y su principal vía de entrada es la respiración. Además, allá donde movamos la atención, el prana la sigue. Por lo tanto, la práctica de los pranayamas incluye ejercicios de respiración y de atención. Las visualizaciones ayudan a llevar la atención de un sitio a otro o mantenerla. Este práctica conlleva cambios físicos y mentales muy fuertes con el paso del tiempo.

– pratyahara: aunque se suele traducir como «control de los sentidos», una aproximación más práctica es la de interiorización, la capacidad de ir hacia adentro. Los sentidos no tienen nada de malo ni hay que controlarlos ni reprimirlos; al contrario, son muy útiles y, bien orientados, favorecen la transformación interior. Cuando llevamos la atención hacia adentro, los estímulos que vienen de afuera nos pueden devolver la atención al mundo exterior. Pratyahara nos permite una sana relación con los sentidos sin que estos nos saquen de nuestra interiorización, pues es la capacidad de mantener la atención hacia el interior, haya estímulos externos o no. Si los pasos anteriores podemos decir provisionalmente que hacen referencia a lo externo, pratyahara es el puente entre lo interno y lo externo.

– dharana: significa «sostenimiento» y hace referencia a la capacidad de sostener la atención, es decir, de concentrarnos. Es importante señalar que no podemos meditar con la voluntad, pero sí podemos cultivar las condiciones necesarias para que el proceso de la meditación ocurra. Y en esto consiste precisamente la concentración. Cuando sostenemos la atención en un punto o proceso, o la mantenemos abierta a lo que venga, poco a poco la mente va entrando en un estado meditativo. Hay aproximaciones hacia esta práctica que se basan en la autosuperación, el éxito y el fracaso… y nos pueden mantener corriendo en una rueda giratoria durante años. Es necesario buscar la sencillez, la habilidad natural de la mente para sostener la atención sin esfuerzo.

– dhyana: es la meditación. El proceso meditativo ocurre de manera natural cuando la atención se sostiene durante cierto tiempo, dependiendo de la persona, su estado actual, la práctica de los otros pasos o ramas, puede ser más o menos tiempo. En este proceso, las estructuras cerebrales que dan lugar a la ilusión del «yo», de la separación, van disminuyendo su actividad, por lo que la experiencia subjetiva se siente como una disolución suave de la identidad individual, una conexión o una expansión de la identidad o del sentimiento de pertenencia.

– samadhi: si el proceso meditativo sigue su curso, las estructuras cerebrales antes mencionadas disminuyen tanto su actividad que podemos sentirnos como si fuésemos el Universo mismo. Son lo que en otras culturas se denominan experiencias místicas. Quienes creen en Dios lo llaman la unión con Dios, quienes no creen en Dios lo pueden sentir como esa unión total con el Universo. Pero es el mismo proceso. Hemos de recordar que, aunque escasas son las experiencias de samadhi, no son el objetivo del yoga, sino que la práctica misma de cada uno de los yogas o de cada uno de los pasos del astanga yoga son el objetivo en sí mismo. El samadhi, al igual que la meditación, no se consigue, simplemente ocurre.

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