El yoga de la devoción/Bhakti yoga

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También conocido como Bhakti-yoga. Es el más antiguo, tiene su origen en los Upanishads, escritos en torno al siglo V a.C. La devoción es una herramienta muy transformadora que normalmente asociamos a entornos religiosos, como puede ser cantar mantras religiosos o realizar ritos de adoración a las divinidades. Sin embargo, la devoción también puede emplearse fuera de este contexto. Si el yoga de la acción consistía en renunciar a los frutos de nuestras acciones, el yoga de la devoción consiste en dedicar sus frutos a algo que nos trasciende, bien sea alguna divinidad o la comunidad, la Humanidad o la Naturaleza. Es decir, en este yoga trascendemos nuestra individualidad dándole un sentido trascendente a nuestras acciones y, al hacerlo, conectamos con una energía motivacional muy fuerte.

Otra característica del yoga de la devoción es que, al igual que en el yoga de la acción, no importa tanto lo que ofreces sino la actitud de ofrecerlo. Podemos plantar árboles, formar figuras bellas con granos de arroz para que se lo coman los pájaros, podemos concentrarnos en nuestra respiración, cantar, danzar o practicar posturas de yoga… cualquier acción cuya intención consciente sea el beneficio de algo mayor conforma la práctica del yoga de la devoción, es decir, la disolución del yo, la unión, a través del cultivo de la devoción.

Conviene mencionar los obstáculos a la total entrega en el yoga de la devoción. Uno de ellos es la vergüenza, que proviene de unas auto-exigencias en cuanto al resultado o la forma de nuestras acciones. Recordemos que no es importante lo que se ofrece sino la actitud con la que se ofrece. Por lo tanto, acomplejarnos o preocuparnos por si quedará lo suficientemente bonito o entonado es una preocupación innecesaria y perjudicial: cuando practicamos la devoción y damos el 100% en cada momento, no importa lo que salga, es más que suficiente.

Otro obstáculo son las expectativas de reconocimiento. Al igual que en el yoga de la acción, en el yoga de la devoción hay una renuncia a los frutos de nuestras acciones. Pero a diferencia del anterior, los frutos se ofrecen a un bien mayor. Por ello, querer beneficiarse de los frutos de nuestras acciones es un obstáculo en ambos yogas. El sentido de renuncia es fundamental, pero si esa renuncia se vive como una liberación, la práctica será mucho más agradable y sana.

Un último obstáculo muy común consiste en las trampas del ego. Pensar que hay, de alguna manera, algún tipo de superioridad ética porque practicamos tal tipo de devoción y otras personas no es un obstáculo al yoga, porque no nos conecta con los otros seres, sino que nos separa. Si ofrecemos algo con devoción ha de ir impregnado por un amor incondicional hacia todos los seres. Eso no nos separa, sino que nos une.

Si antes, durante o después de nuestra práctica de asanas o de concentración ofrecemos nuestra práctica como un regalo o la concebimos como una práctica que nos limpie y nos permita ponernos al servicio de otras personas, entonces enraizaremos nuestra práctica en la devoción y todos los seres disfrutarán de sus frutos.