El yoga de la acción/Karma yoga

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También conocido como Karma-yoga. Tiene su origen en el Bhagavad-Gita, del siglo III a.C. Es la disolución del yo a través de la acción, renunciando a la ilusión de que «hacemos» y sintiendo las acciones fluir a través de nuestro ser, sin sentir su autoría. Una forma muy potente de practicarlo es a través del altruismo. Es encontrarse perdiéndose en el servicio a otros seres. Es unirse en la alegría de dar y recibir plenamente. En el yoga de la acción hablan de «la acción perfecta» como aquella donde se practica un altruismo perfecto y se desaparece, renunciando a los frutos de nuestras acciones. Requiere confianza y desapegarse del resultado de nuestras acciones.

En la práctica del altruismo y de la generosidad aparecen ciertas reticencias u obstáculos. Uno de ellos es el dar con expectativas: dar sin esperar nada a cambio es el ideal, con la práctica las expectativas irán debilitándose y desapareciendo, pero hace falta paciencia. Otros obstáculos los encontramos al recibir: como «MIS cosas me las he ganado con el sudor de MI frente» nos cuesta recibir de otras personas. También podemos sentir que nos quedamos en deuda con esa persona. Pero si nos abrimos al recibir, nuestro vaso de la generosidad se irá llenando y, cuando rebose, la generosidad fluirá a borbotones. La generosidad es algo que se aprende: hemos de confiar, abrirnos al recibir y no dar nada que no queramos dar. También hemos de tener paciencia con aquellas personas que reciben y no dan: están en el mismo proceso de llenado.

En toda interacción económica hay dos preguntas complementarias que definen el tipo de economía que practicamos: «¿qué puedo obtener?» y «¿qué puedo ofrecer?» Cuando sólo damos importancia a la primera pregunta, acabamos en la economía especulativa, donde se trata de ganar todo lo posible sin aportar nada positivo a cambio. Con un poco de empatía en forma de estudios de mercado, tenemos la economía de muchas grandes empresas, donde se plantean qué quiere la gente y le ofrecen algo lo suficientemente atractivo para que lo quieran y lo suficientemente malo para maximizar beneficios a toda costa. Con mucha más empatía tenemos la economía entre iguales, donde se pretende llegar a una situación en la que las dos partes salgan ganando y queden satisfechas. Por último, si sólo tenemos en cuenta la segunda pregunta «¿Qué puedo aportar?» tenemos gift-economy o la economía de la generosidad. Aquí nos abrimos totalmente al dar, sin esperar contraprestación alguna, y también al recibir, pues eso nos hace humildes y permite que la generosidad siga fluyendo e interconectando a los seres a través del dar y del recibir.

Como cada persona tiene unas habilidades concretas y otras muy generales (como escuchar, estar presente…), hay muchos ejemplos de gift-economy, desde conductores de ricksaw en India que ofrecen sus viajes como un regalo, hasta restaurantes donde la comida que se sirve de manera altruista ha sido pagada por personas que, al igual que el comensal actual, también recibieron su regalo y decidieron contribuir para que la rueda de la generosidad siga rodando y abriendo corazones. Así, es cuestión de hacerse esa pregunta, responderla y dejar que la generosidad emerja desde lo más profundo… ¿Qué puedo aportar?

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